La victoria final del Tano

Siete derrotas… y una victoria final. Alessandro Pierini dejó de ser entrenador del filial del Córdoba porque el equipo estaba encallado, incapaz de hacer daño a nadie más que a sí mismo, vulnerable y desquiciado. Los mecanismos inalterables del fútbol ejercieron entonces su cruel función: el técnico, a la calle. Se sigue creyendo que un barco a la deriva, con las velas rotas, la quilla torcida y unos cuantos boquetes por los que entra el agua puede enderezar su rumbo sólo con cambiar al señor que lleva el timón. A veces sale, a veces no. Pero se tiende a creer que el relevo en el banquillo es una fórmula universal o un acto inevitable. De esas mentiras vive este bendito deporte.

La cuestión es que Pierini dejó esta semana de pertenecer a la casa blanquiverde, a la que llegó en uno de esos frecuentes momentos dramáticos del primer decenio del siglo XXI. Fue defensa central de un equipo que bajó y siguió en el mismo sitio en otro que subió. Desde los tiempos del argentino Daniel Onega, allá por los 70 de la pasada centuria, no hubo en el Córdoba un jugador extranjero con su relevancia: llegó a ser capitán y un símbolo para los aficionados. Luego ejerció como segundo de Lucas Alcaraz dos campañas completas y los nuevos rectores le encomendaron la tarea del filial en una decisión controvertida. Las cosas no han ido como esperaban, ya se ha visto.

El Tano no merecía irse de un modo tan feo. Siete derrotas seguidas han servido para que el fútbol muestre en el Córdoba sus dos caras: la más dura, con la destitución de un profesional, y la más humana, representada por la actitud de los jugadores a los que Pierini deja atrás. Los chicos enviaron una carta al hombre que les guió en la que le expresan sus sentimientos. Le agradecen su trabajo y admiten que todos, ellos también, cometieron errores. Que echen a un entrenador por malos resultados –aunque sea en un filial– es algo frecuente; que los jugadores manifiesten su gratitud hacia él, de la forma en que lo han hecho los cachorros blanquiverdes, no. Por eso resulta conmovedor el gesto. Pierini terminó ganando. Si un filial está para aprender, está claro que el italiano ha enseñado mucho a estos chicos. Por cierto, que los chavales volvieron a ganar. Fue por 2-1 al Conil. Desde el banquillo daba las órdenes Rafa Berges. Y sentado en la grada del campo de Miralbaida, sin perderse ni un detalle, estaba Alessandro Pierini.

Carta de la plantilla del Córdoba B a Pierini

Querido Alessandro, desde toda la plantilla del Córdoba C.F. “B” queremos expresar nuestras impresiones hacia ti después de finalizar de forma tan inesperada nuestra etapa juntos, ya que queremos manifestar de forma pública la clase de persona y la clase de profesional que eres.

Todos los que estamos inmersos en este complejo mundo sabemos que estas situaciones son habituales y debemos asumirlas, pero no podemos permitir que sólo tú, como cabeza visible que has sido de este equipo, cargues con toda la responsabilidad de la situación actual, y todos estamos de acuerdo en que los responsables de los resultados cosechados somos todos, porque los que jugamos somos nosotros, pero así funcionan las cosas.Por eso es de justicia dar a conocer las múltiples virtudes y logros que tienes y que has logrado con este grupo.

Cogiste un grupo de jugadores muy diferentes, y hoy día es un grandísimo grupo, donde la relación en el vestuario es inmejorable, es un equipo, capacitado de sobra para sacar esto adelante.Uno a uno hemos crecido en el aspecto deportivo muchísimo de manera individual, como grupo, y además como personas. Nos has motivado, nos has hecho creer en nosotros, creer en este proyecto en común.Tu implicación con este equipo ha sido impresionante, has puesto todos los medios que estaban a tu alcance a nuestra disposición, has proporcionado el material que no teníamos pagándolo de tu bolsillo, siempre has defendido a tus futbolistas, has sacado la cara por nosotros cuando se nos ha criticado… en definitiva, has dado todo lo que estaba en tu mano para sacar a este equipo adelante.

A pesar de todo esto y de todo tu trabajo, ya no sigues al frente del equipo, pero tu gran labor no quedará en vano porque has dejado un gran grupo. Con el trabajo de nuestro nuevo entrenador, Rafa Berges, que estamos convencidos de que es un excelente entrenador, que está implicándose muchísimo con nosotros y al que le brindamos toda nuestra disposición, sacaremos esta situación adelante.

Por todo lo que estamos expresando, puedes estar con la cabeza bien alta porque tu trabajo ha sido excelente, has hecho todo lo que has podido hacer, o lo que se te ha dejado, y has demostrado tu cordobesismo por todo lo alto, como lo has hecho durante 7 campañas en la que has dado alegrías luciendo el brazalete en nuestro Nuevo Arcángel, y es evidente que el que te critica o todo aquel que te haya criticado, es porque no ha tenido el privilegio de trabajar contigo, porque los que hemos estado a tu lado, como puedes observar, nos quedamos cortos a la hora de calificarte como un grandísimo profesional, y si cabe aún mejor persona. Por todo esto desde el vestuario queremos desearte lo mejor tanto deportivamente como personalmente, porque no dudes que te lo mereces.

Por todo esto:

Muchísimas gracias Tano Pierini.

Su jugada inolvidable. El gol que abrió la última puerta para salir del infierno.

 

Y ahí va otra carta, de hace algo más de un par de años, que una aficionada envió a través de varios foros a Pierini tras su retirada como jugador.

Realmente lo que queremos manifestarte en esta carta lo hacemos toda la hinchada semana tras semana en las gradas mediante nuestros cánticos y nuestro apoyo. En nombre de toda la afición cordobesista quiero mostrarte nuestro infinito agradecimiento por tu labor realizada en el Córdoba CF como jugador y capitán. A muchos de los seguidores de este gran club nos enorgullece y sorprende saber que siendo de fuera sientas tanto los colores blanquiverdes en la sangre y este escudo de gran historia en el corazón. Te hemos visto alentar a tus jugadores, dar todo de ti para conseguir victorias y dar las gracias a la afición por nuestro apoyo. Es una gran responsabilidad tener a tu cargo a un equipo y creemos sinceramente que en esta lucha tú has blandido todas tus armas y has dado la cara por tu ejército.

Quizás si algo tenemos que destacar durante tu paso por el Córdoba CF es tu compromiso. Ya no se trata sólo de exigir ver un juego bonito y fructífero cada domingo sino el darnos cuenta de que los jugadores realmente viven por ese equipo y son responsables con su compromiso hacia el Córdoba CF. Y esta cualidad la has forjado tu en tus años como futbolista. Esa madurez y sencillez en el juego te hacen grande “Capo” y te honran. Hoy en día el fútbol se ha mitificado y resulta difícil que los jugadores y técnicos transmitan sus verdaderos valores.

Simplemente animarte a seguir en este Club porque nos has hecho soñar y ver también un lado más humano y humilde del fútbol. Tú has ayudado a hacernos grandes y la afición cordobesista te recordará siempre por ello. Que el eco del cántico “Capitano, capitano” vibre siempre en ti y te haga recordar a nuestro equipo y a toda la hinchada. Gracias Tano.

 

Por eso y muchas cosas más

¿Lo viste? Fue increíble, no me imaginaba que fuera así. Qué bien se ve todo, qué luces más potentes, qué ambiente, qué manera de jugar… Cuando terminó el partido la gente no se iba, se pusieron con las bufandas levantadas a cantar el himno… ¡Qué fuerte! Es como en la tele, un partido de Primera. Se me saltaban las lágrimas. Mira, mira cómo se me sube el vello. ¡Madre mía! Allí estábamos todos como locos. Cuando nos marcaron el gol fue un palo, pero después todo el mundo empezó a animar y el equipo jugó de escándalo. Cómo subían los laterales… Al Espanyol lo teníamos agobiado. ¿Y cómo se llama ése que la cogía en la banda y se metía para adentro, escapándose de todos? ¿Borja? Qué bueno, ¿eh? ¿Y de dónde viene? ¿Del Rayo? Pues menudo futbolista. Ahí tenemos gente buena. ¿Y estos eran los suplentes? El chaval que salió al final, ése que la tocaba tan bien y que estaba en todos sitios… ¿17 años? Pues ése va a llegar lejos. Y el calvo que salió después, Hervás, es el que todo el mundo quiere fichar, ¿no? Yo es que no conocía a ninguno. Ha sido la primera vez que los veo en vivo. Nunca había ido a un partido a El Arcángel”.

Apenas habían transcurrido un puñado de semanas desde el arranque de la competición y el Córdoba ideó una campaña para incentivar el número de público en las gradas. Una vez constatado el previsible descenso en el número de abonados, asumido por la entidad como un golpe sobre zona protegida –así se hizo en los austeros presupuestos, aprobados el mes pasado en la junta de accionistas–, se aguardaba con un nudo en la garganta la respuesta de los seguidores en las taquillas. Para el debut en casa tocó el Almería, un recién descendido de Primera División que acudía con el morbo de Lucas Alcaraz en el banquillo y el picante añadido del intento de los rojiblancos de fichar al brasileño Charles, la estrella blanquiverde, hasta apenas unos horas antes del inicio liguero. Un buen partido para abrir boca. El Córdoba, además, había dejado interesantes sensaciones durante la pretemporada. ¿Un taquillazo? Ni mucho menos. Apenas se llegó a las seis mil almas. Ni siquiera los socios acudieron a la cita. Los de Paco Jémez protagonizaron un extraordinario encuentro: merecieron ganar –aunque la cosa terminó en tablas, 1-1– y consiguieron emocionar a los que ocuparon un asiento en el graderío. Esos ya eran fijos. Pero eran pocos.

Aquel episodio sirvió para ratificar la dolorosa realidad: la ciudad, en su mayoría, daba la espalda a su club deportivo más emblemático. Había mucho dolor enquistado, muchas decepciones acumuladas, muchas promesas rotas, mucho hastío. Ninguna ilusión. ¿Ilusión? Ésa fue la palabra que empleó el club para vender su producto en este nuevo curso, en el que precisamente se cumplen cuarenta años desde que el Córdoba pisó por última vez un campo de Primera. Ilusión. Poco original, pero realista. Hay qué ver cómo sonaba el término en agosto y a qué suena hoy, primeros días enero de 2012, en la boca de los cordobesistas.
Se etiquetó como Objetivo 10.000 una estrategia de mensajes a través de los medios oficiales, en connivencia con los sectores más activos del mundo peñístico, que apelaban al punto más sensible del cordobesista: el corazón. Se chequeó la iniciativa en la visita del Xerez, otro rival con tirón, pero no se llegó a esa cifra redonda. La barrera permanecía maldita para un equipo que ofrecía un espectáculo futbolístico –con resultados, ojo– poco frecuente en la ciudad. De hecho, se llevaban varios años sin contemplar nada igual. ¿Por qué continuaba esa desafección? ¿Qué necesitan los cordobeses para respaldar al equipo más emocionante de los últimos tiempos?

Los rectores del club han encontrado poderosos aliados en las peñas y los socios, que han publicitado como nadie el producto. Las ventajas en la adquisición de localidades, las promociones de 2×1, la cada vez más amplia repercusión en los medios nacionales… Y el equipo, mientras, sin caerse. Volando cada vez más alto. Ante el Huesca, en Copa, se llegó a los 11.500 con precios populares. El otro día, frente al Espanyol, se rozaron los 20.000 con una política de entradas asequibles. Fueron los de siempre, los que empezaron contra el Almería, y muchos más. Los que se han ido sumando al calor del éxito y los que nunca habían pisado el estadio de su ciudad.

Parece que, al fin, se ha dado con una receta que, en las circunstancias actuales, funciona: un equipo al que gusta ver y unas entradas que se puedan pagar. Córdoba se ha visto en el espejo y se ha gustado. El Arcángel se puede quedar pequeño. Al tiempo.

Artículo publicado en El Día de Córdoba.

La fábrica

El Córdoba Club de Fútbol disfruta actualmente de las instalaciones de la Ciudad Deportiva “Rafael Gómez”, propiedad del empresario cordobés Rafael Gómez Sánchez, que en 2006 cedió la utilización de estos terrenos en exclusiva al Córdoba CF hasta 2014. Dicha Ciudad Deportiva es una de las de mayor dimensión en Andalucía. Posee 3 campos de fútbol-11 de albero, un campo de albero de fútbol-7, y dos campos de césped natural. Uno de ellos con un graderío para unos 3.000 espectadores en el que habitualmente juega sus partidos el Córdoba “B”.

Eso dice la web oficial del Córdoba CF sobre el espacio en el que se modelan sus jóvenes talentos y ensayan sus profesionales desde hace años. Lo que quienes los disfrutan aseguran sobre estos terrenos no resulta tan atractivo. A menudo, los términos resultan irreproducibles. “Cuando llegué a Córdoba, me impresionaron las malas condiciones materiales para el trabajo diario. Era algo que no me podía explicar, porque la idea que tenía desde fuera es que el Córdoba era un club potente, con unas buenas estructuras”. Lo confesaba hace poco, ante un grupo de periodistas, uno de los jugadores que recalaron el pasado verano en el club, uno de los pocos que tiene en su expediente el sello de clubes de renombre en la división. Parece que este 2012 será el año del traslado a las instalaciones del campus universitario de Rabanales, donde encontrarán un hogar prestado algunos de los conjuntos formativos y un equipo de Segunda que, si mantiene su heroico pulso con los obstáculos, será candidato a dar el salto a Primera. Es un buen parche, pero no la solución con mayúsculas.

Las explosiones de rabia y frustración han sido desde hace ya tiempo nota común en los técnicos de la entidad blanquiverde, desde aquellos que están encargados de enseñar a los niños cómo se controla el balón hasta los que, inmersos en el fútbol profesional, se juegan su porvenir y su pescuezo semana a semana si los resultados no van de cara. La importancia de lo que se cuece en la Ciudad Deportiva está en proporción inversa a la atención que ha recibido por parte de los dirigentes de la entidad, algunos de los cuales ni siquiera la pisaron durante años. Vamos a decirlo claro: los terrenos en los que el Córdoba está construyendo su futuro son una mierda. Es verdad que estamos en crisis. Es verdad que no hay dinero. Es verdad que los responsables de mantener unos mínimos de decencia en la instalación hacen todo lo que buenamente pueden. Es verdad que los niveles de tolerancia y comprensión de los profesionales están siendo altos. Es verdad todo eso, como lo es que el asunto necesita una reparación ya. Y ahora mucho más que nunca. El Córdoba -como casi todos ya- tiene que fabricar lo que no puede comprar. Y tiene que vender para reinvertir. ¿Dónde? Pregúntenles a quienes se dedican a fondo a esto del fútbol. A los que se ganan el jornal como profesionales y a quienes pretenden hacerlo dentro de unos años. Parece evidente que hay un lugar en el que habría que echar unos numeritos.

Esta situación tenía que haber estado arreglada desde hace diez años. Lo que nos encontramos ahora es el resultado de un problema que, por lo que sea, no se ha querido abordar durante mucho tiempo. En su momento se hubiera podido hacer algo, pero ahora por desgracia es mucho más difícil. Las condiciones en los campos son horrorosas”. En la tertulia deportiva de Onda Cero, en una de sus primeras entrevistas a fondo tras el regreso a Córdoba, Paco Jémez expuso con crudeza su visión sobre el lugar de trabajo diario del equipo. El técnico cordobés no ha variado su postura. Al contrario, sus demandas se han recrudecido y ha habido episodios de cierta tensión con los dirigentes por este motivo. El Córdoba tuvo en su tiempo un consejo de administración con los principales empresarios de la construcción y prefirió gastarse el dinero en fichar figuras en lugar de mirar a su casa. Ésa fue la decisión y éstas son las consecuencias.

Por cierto, por si hay alguno que ponga en duda el beneficio de la inversión, que dé un repaso a los medios en las últimas semanas y se fije en las cantidades que se barajan por los interesados en adquirir los servicios de Javi Hervás, un chico forjado desde su infancia en estos escenarios de medio pelo: ¿Un millón y medio o dos? ¿Quizá más? Sea lo que sea, parece que el estiloso mediocentro será pronto el protagonista del mayor traspaso en los casi sesenta años de historia del club. ¿Invertirá el Córdoba -y Córdoba, ojo- en su fábrica?

Imágenes del Córdoba-Espanyol de los cuartos de final de la Copa del Rey Juvenil 2011, quizá el partido más importante de un equipo de cantera en la historia del club. Y, efectivamente, se juega en la Ciudad Deportiva Rafael Gómez.

 

Familia

“Cuando entramos en el pabellón, los problemas se quedan fuera. Todos tenemos alguno, pero los problemas se quedan fuera. Aquí sólo tenemos el equipo. Sois vosotros los que os tiráis al suelo a por el balón. Sois vosotros los que os quedáis en el banquillo mientras otros juegan. El equipo es la familia. ¿Lo tenemos claro?”.



Observo con alegría y con una pizca de orgullo -no en vano el argumento está basado en un artículo que escribí, precisamente, en un suplemento llamado “Deporte Joven” en el Diario Córdoba- que el cortometraje “Seis contra seis”, dirigido por Marco Fettolini y Miguel Aguirre, circula con velocidad por todos los lugares en los que se fomenta el deporte de base, donde los chicos forjan su carácter con las reglas, códigos y valores de su disciplina favorita. El artículo en cuestión, titulado “Papá, ¿qué estás haciendo?”, sigue su viaje, más rápido ahora por las redes sociales, y sigue ayudando -eso creo y espero- a quienes formamos parte de un entramado cuyas raíces educativas se han pervertido de un modo lamentable. Esa carta de un niño a su padre sigue dando mucho juego.

Papá, ¿qué estás haciendo?

No sé cómo decirtelo. Seguramente crees que lo haces por mi bien, pero no puedo evitar sentirme raro, molesto, mal. Me regalaste la pelota cuando apenas empezaba a andar. Aún no iba a la escuela cuando me apuntaste en el equipo. Me gusta entrenar durante la semana, bromear con los compañeros y jugar el domingo, como lo hacen los mayores. Pero cuando vas a los partidos… no sé. Ya no es como antes. Ahora ya no me das una palmada cuando termino, ni me invitas a tomar algo. No te veo sonreír. Vas a la grada pensando que todos son enemigos. Insultas a los árbitros, a los entrenadores, a los jugadores, a otros padres… ¿Por qué cambiaste?
Creo que sufres y no lo entiendo. Me repites que soy el mejor, que los demas no valen nada a mi lado, que quien diga lo contrario se equivoca, que solo vale ganar. Ese entrenador del que dices es un inepto es mi amigo, el que me enseño a divertirme jugando. El chico que el otro dia salió en mi puesto….¿Te acuerdas? Si, papá, aquel que estuviste criticando toda la tarde diciendo que “no sirve ni para llevar la bolsa”. Ese chico va a mi clase. Cuando lo vi el lunes me dio vergüenza.
No quiero decepcionarte. A veces pienso que no tengo suficiente calidad, que no llegaré a ser profesional y a ganar millones como tú quieres. Me agobias. Hasta he llegado a pensar en dejar de jugar, pero es que me gusta tanto… Papá, por favor, no me obligues a decirte que no quiero que vengas más a verme jugar.

El cordobesismo y sus debates

Uno de los encantos del Córdoba es su capacidad para generar debates. Algunos, todo hay que decirlo, resultan francamente absurdos. Sobre todo esos que se centran en su estilo de juego, su ideario y su filosofía, que al fin y al cabo quedan reducidos a lo esencial: si se gana, todo está bien; si se empata, regular y si se pierde, fatal. Cuando el personal habla sobre la manera en que se comportan los jugadores sobre el campo es señal de que la clasificación lanza buenas vibraciones. Que no hay peligro de descenso, fundamentalmente. O no parece que lo vaya a haber si se sigue por este camino, si nos ponemos quisquillosos. Porque en el fútbol se ha visto de todo, incluyendo desplomes inesperados, como se encargan de recordar de cuando en cuando los más agoreros. De momento, el sector de los profetas del apocalipsis permanece agapazado a la espera de una ocasión que, de momento, no llega.

En El Alcoraz, el Córdoba se entretuvo en acumular un puñado de récords: ganó por primera vez en ese recinto, engarzó su quinta victoria consecutiva –cuatro en Liga, una en Copa– y logró su mejor puesto desde hace una década. Le bastó un 0-1. Lo marcó Patiño, un chaval que ha saltado directamente desde el modesto San Sebastián de los Reyes, de Tercera División, hasta el escaparate de la Segunda. Hizo su trabajo tan bien como el resto. Marcó un golazo de cabeza, a centro de López Silva, en una fase crucial de un encuentro más bien farragoso. Triunfo al saco y un chute de ilusión para todos.

Lo único cierto es que los puntos sacian el hambre. El modo en que se consiguen endulza o amarga. Con el sustento garantizado, hablemos sobre el sabor del menú. ¿Os gusta así o más tostado? Es lo que viene sucediendo últimamente en el Córdoba. Metido en la zona alta después de mucho tiempo, incluso con posibilidades matemáticas de tocar algún día de estos el liderato, el equipo recibe toneladas de alabanzas por su propuesta futbolística. La comparación con el curso pasado, con la pizarra de Lucas Alcaraz, multiplica su efecto encantador para el cordobesismo. Por cierto, que el técnico granadino que guió a los blanquiverdes durante las últimas dos campañas completas –un récord de permanencia, ya que estamos en época de plusmarcas– tiene al Almería en los mejores sitios de Segunda y mirando a Primera División. Él no lo va a decir, porque no es de esa condición. El granadino asegurará que no hay enemigo pequeño, que esto es muy largo, que hay que ir partido a partido, que no hay que despistarse y que un gol es un tesoro. Una respetable forma de verlo. El que sí mira para arriba, y lo dice cada vez que tiene ocasión, es Paco Jémez, porque así lo siente.

Hay entrenadores que en los tiempos de éxito recuerdan a sus jugadores que no son perfectos y que cualquier despiste puede llevarles al desastre. Así les mantienen en tensión y evitan el efecto adormecedor del halago. Hay otros que en los periodos de bonanza les dicen a sus futbolistas que no sólo son tan buenos como parecen, sino que son aún mejores, y que si tienen el valor de demostrarlo pueden llegar a la gloria. Y si no, al menos lo habrán intentado. El fútbol es así, como la misma vida.
Si miran hoy la clasificación verán arriba, dándose codazos, al Almería de Lucas Alcaraz y al Córdoba de Paco Jémez. Los dos ganaron fuera. Los dos por 0-1. Los rojiblancos, en el Colombino de un deprimente Recre; los blanquiverdes, en el eternamente recordado Alcoraz. Cada cual con sus presiones, sus ambiciones y sus servidumbres. Y con su estilo propio, el sello de sus entrenadores. Hay muchos modos de llegar al mismo sitio. Mientras sigamos debatiendo sobre los asuntos estéticos todo irá bien. Lo de los partidos a vida o muerte, los entrenadores en la cuerda floja y la agenda caliente para el mercado de invierno se queda para otros.

CCF: 100 días, un mundo

Hablar de estabilidad en el Córdoba CF es como hacerlo de libertad de expresión en Corea del Norte. No la hay y se supone que pasará todavía un largo tiempo hasta que se pueda detectar algo parecido. Se entiende –aunque a menudo se nota poco– que sus actuales rectores tienen interés en conseguirla, pero el asunto no es nada sencillo. Las duras circunstancias por las que atraviesa la entidad, inmersa en un proceso concursal, son una coartada perfecta para mantener colgado el cartel de “en construcción” y perpetuar en el cordobesismo una situación anímica muy particular: todo lo que va mal puede ir a peor. Hay congoja generalizada y una pavorosa sensación de irrealidad, de que toda esta aventura no es más que un castillo de naipes que se puede derrumbar en cualquier instante.

Quizá no sea así finalmente, no es una regla matemática. Clubes con un aspecto horroroso de puertas para adentro, arruinados y desquiciados, han podido alcanzar lo que a la postre marca el destino: ganar partidos, alcanzar notoriedad en la Liga e incluso ascender. Ésa es la esperanza, la ilusión que no hay que tocar porque si no es por ella se hunde todo el tinglado. En lo que ocurra en el césped reside la base de la fórmula para que el porvenir dé un giro y, milagrosamente, el CCF llegue a parecerse a un club estructurado, con una identidad propia y unos objetivos coherentes. El Córdoba ahora es un club en crisis de una ciudad en crisis que atraviesa por una fase crítica.

A Paco Jémez y a Luna Eslava les han endosado un papelón importante, un reto brutal como nunca se vio –y mira que se han visto cosas– en este bendito Córdoba. Si hay alguien que sea capaz de no salir corriendo cuando le dan un tirachinas para combatir a aviones son ellos. Ambos son lo suficientemente tenaces como para insistir y resistir. Son tipos criados en la casa, que conocen a fondo el paño, y eso se nota. Luna y Paco dan todo lo que tienen y algo más. Pueden equivocarse, pero no engañan a nadie. Los nuevos son los demás. Los que sabían lo que había o debían saberlo. A saber lo que les habrán contado y lo que se habrán creído.

De momento, parece que se avecinan unas navidades intensas. Así se pinta el panorama: la cosa está muy mal, nadie quiere ayudar y, sin más remedio, alguien tendrá que echarse la mano al bolsillo para equilibrar cuentas antes de que todo arda. Y la gente, como ha venido siendo tradicional, mirará al dueño. A ver qué sucede. Mientras tanto, prepárense en las próximas fechas para asistir a la exposición pública de unas cuentas del club que servirán, convenientemente cocinadas,  para intentar convencer al cordobesismo de los malos que son algunos y lo buenos que son otros.

El pasado 3 de junio, hace exactamente cien días, salió de la sede de Prasa con las acciones en el bolsillo  Carlos González, un empresario tinerfeño que aún hoy sigue siendo un gran desconocido para el cordobesismo. Más allá de las primeras entrevistas que concedió a su llegada, el nuevo dueño no se ha prodigado en la escena pública exceptuando apariciones en los medios oficiales en momentos muy puntuales –la retirada de patrocinio de Cajasur, una frustrada venta al Almería de Charles en la que intervino de modo directo…– o cuando no ha tenido la posibilidad de escabullirse, como el día de la ofrenda floral a San Rafael. “No estoy dispuesto a crear falsas expectativas”, dijo nada más pisar tierra cordobesa el tercer presidente desde 2009. Antes que él, el clásico Rafael Campanero –toda la vida ahí– y el sagaz José Miguel Salinas –un bienio bailando en el alambre– también hablaron de lo mismo. Austeridad y cantera. La vieja consigna resuena ahora como un eco sobre un paisaje completamente distinto: cambiaron el dueño, el presidente, el consejo, el entrenador, el secretario técnico, el 80 por ciento de la plantilla y casi todo el personal. Hay casi dos mil socios menos, se marchó el patrocinador y, con unas elecciones a la vista, en las instituciones hay más gestos que hechos. El Córdoba lo está pasando mal. En El Arcángel se viven a diario situaciones estrambóticas. Muchos se preguntan si ésta es la fase más traumática del gran cambio o si sólo es un aperitivo de lo que está por llegar. Han transcurrido cien días, un mundo.

 Artículo publicado en la sección El descuento, de El Día de Córdoba.

Mario Fraile

Tres minutos para decir adiós. Tres minutos para resumir 28 años de carrera. Tres minutos para dar las gracias y entregar el testigo a otros. Tres minutos para cerrar una puerta y abrir otra. Mario Fraile Vergel deja la sección de Deportes de Onda Cero, donde ha contado -con su peculiar manera, distinta a cualquier otra, y con un punto de vista ácido y apasionado- lo que pasaba o dejaba de pasar en los campos y en los despachos, en los palcos y en los bares, en cualquier lugar donde se pudiera cocer una de esas historias de intereses cruzados y conjuras que siempre le gustaron tanto. Nadie desvelará ya las disputas de vestuario, las puñaladas traperas entre directivos espabilados o los tejemanejes con agentes, intermediarios y demás fauna. O, al menos, nadie las contará como lo hacía él.

Especialista en alimentar filias y fobias, tuvo siempre claro que el fútbol es diversión y debate. Hasta sus más furibundos detractores -que los tenía- eran incapaces de sustraerse a la tentación de colocar el dial en su emisora para oír sus aceradas introducciones a la tertulia semanal, sobre todo en unos últimos años especialmente convulsos en el panorama cordobesista. Había mucha tela que cortar y Mario Fraile partía la pana en ese aspecto. Siempre tenía el micrófono abierto para los oyentes, con vía libre para llamar en directo al programa y exponer sus opiniones. Se aliaba con los aficionados, con la gente de a pie, y se ponía en frente de los enchaquetados, de esos que venían -y vienen- al fútbol a servirse y no a servir, como decía su idolatrado José María García, ese genio que creó escuela. Ahora a los periodistas deportivos nos ponen una camiseta y nos hacen decir chorradas y contar chistes, tratando de convertirnos en bufones de un espectáculo que da vergüenza ajena. Con Mario Fraile se va una manera de entender este oficio. “Algunos se alegrarán de que me vaya”, dijo en su discurso final, que leyó con la emoción justa y un aire de dignidad conmovedor. Cuando terminó su parlamento, se levantó de la silla y salió del estudio. Fin de ciclo. Le di un golpe cómplice en la pierna cuando terminó y él me palmeó la espalda antes de irse. No pude evitar pensar en qué diré yo cuando me lleguen esos últimos tres minutos.

Javi López, el último pasajero

Que un entrenador ordene a un delantero que salga del banquillo a calentar suele ser casi siempre un síntoma de que las cosas no marchan del todo bien. No hacía ni un minuto que el Córdoba había encajado el primer gol en Pucela, tan tonto como doloroso, y Paco Jémez levantó la voz: “Javi, vas a salir”. Con el 34 a la espalda, Javier López Muñoz (El Carpio, 1990) recibió en el Nuevo José Zorrilla su bautismo en el fútbol profesional. Suplió al menudo Borja García y salió a escena en el minuto 66. Se incrustó en la vanguardia, al lado del brasileño Charles, para dejarse el pellejo en un tramo final de alta intensidad. Ni se escondió ni se arrugó ante Jesús Rueda, ex blanquiverde y pieza angular en la retaguardia albivioleta junto al veterano Juanito, todo un campeón de Europa. Nunca se enfrentó a rivales de tal rango. Al final, el Córdoba terminó cayendo por 2-0 y dejó en el aire la amarga sensación de haber merecido otro destino. Paco lo tiene más que claro. Van a insistir con sus armas en una batalla que no ha hecho sino comenzar y en la que Javi López, el tapado de la quinta del concurso, quiere ser alguien. ¿Y quién es Javi López?

El pasado 8 de mayo, el delantero carpeño –un tanque de 1’87– se convirtió en un héroe en el Jornalero Stadium, el feudo de un Marinaleda que salvó la categoría en el último partido del grupo X de Tercera División de modo épico. Necesitaba vencer al campeón, la Balompédica Linense, y lo logró con un tanto suyo en el último minuto. El ariete cordobés, que comenzó el encuentro en el banquillo de la modesta formación de este pueblo sevillano, salió al campo en el minuto 40 por la lesión de un compañero, Sebastián. Comenzó como secundario y terminó siendo la estrella de la función. El destino ha querido que el bajo tono de otro Sebastián –Balsas, el uruguayo que el Córdoba fichó este verano procedente del San Lorenzo argentino– le ofrezca la oportunidad de ser convocado dos veces y de debutar en Valladolid. Su próximo desafío será contar con algún minuto en El Arcángel, donde jamás ha disputado ningún partido oficial con la blanquiverde. No le faltarán ganas. Sin haber cumplido aún los 21 años –lo hará en octubre–, Javi ha recorrido muchos kilómetros buscando su sitio en el fútbol. Su trayectoria ha descrito curvas que le han llevado a todo tipo de lugares, donde no siempre resulta sencillo encajar. Muchos de su generación andan ya en otros menesteres, alejados del mundo de la pelota y sus aledaños. Javi López siempre ha confiado en que su momento podía llegar, en un ejercicio de confianza y persistencia que define bien su carácter. En el campo es igual. Paco Jémez detectó esa actitud en la pretemporada y lo ha valorado. Ambos, el técnico y el jugador, han tenido la suerte de encontrarse en un camino que aún no se sabe si será largo y fructífero, pero que admite una esperanza positiva.

La carrera deportiva de Javi López resulta singular. Despuntó en el Séneca, al que llegó en edad infantil y del que siendo aún juvenil saltó al equipo de la División de Honor de la UD Almería. En el club rojiblanco se proyectó hasta el filial de Tercera División, en el que apenas tuvo continuidad. En el curso 2009-10 le reclutó en calidad de cedido el CD Pozoblanco, donde tuvo un desempeño irregular. Hizo cuatro goles en 16 partidos, la mayoría de ellos saliendo desde la suplencia.

Su ausencia en las alineaciones de Rafa Carrasco le hizo plantearse pronto su adiós, que se concretó en el mercado invernal con destino al Ávila, de Tercera, en el que concluyó la temporada y también su vinculación con el club almeriense. Tenía 19 años y mucho mundo corrido. Estuvo unos días entrenando a prueba dentro del grupo que Rafael Carrillo Falete preparaba para el Lucena, de Segunda B, pero aquello no cuajó. También Pepe Hueso, por entonces en el Peñarroya, tanteó su incorporación sin que el asunto pasara a mayores. Javi López era una promesa en tierra de nadie. Fue entonces cuando Juanmi Puentenueva, entrenador del Marinaleda, le llamó para un proyecto humilde en un club recién llegado a la división de bronce.

Con los sevillanos, el punta encontró el respaldo que necesitaba para desplegar su juego. Estuvo presente en 34 partidos y anotó seis tantos, entre ellos el de la histórica permanencia. Y su nombre volvió a sonar. Este verano lo fichó el Córdoba para formar parte de su equipo filial, en el grupo X de Tercera. Javi López tiene ficha con la formación que adiestra Alessandro Pierini, aunque la falta de efectivos en la primera plantilla durante el verano hizo que Paco Jémez contara con él dentro de un grupo de canteranos que han creado expectativas: Fede Vico, Bernardo Cruz, Javi Hervás, Sillero, Carlos Martínez, Juanje, Guti… Y Javi López. De momento, dos convocatorias y un debut en un escenario de los nobles. El 34 ya sabe lo que es jugar en Segunda. Otro Javi para el escuadrón.

Artículo publicado en El Día de Córdoba.

Charles, el superhéroe humilde

Si no fuera porque el escudo del Córdoba está en un lugar bien visible en su atuendo, cualquiera podría pensar que el tipo en cuestión es un ciclista o un corredor de medio fondo. No tiene el aspecto que se le supone a un delantero brasileño. Le falta el porte gallardo de esos galanes del área que aterrizan en los clubes profesionales de Europa con contratos suculentos y la etiqueta de estrellas. Tampoco es el punta menudo, habilidoso y culibajo que encadena cabriolas para alegría del público y desesperación de los entrenadores. No luce un peinado estrambótico ni porta tatuajes visibles. Pasaría desapercibido en cualquier otro lugar distinto al rectángulo verde en el que experimenta su mutación. Es el último en integrar la lista de superhéroes blanquiverdes.
Charles Dias Barbosa nació en Belem, la capital del estado de Pará, una de las mayores metrópolis de Brasil con casi millón y medio de habitantes. Trabaja como futbolista desde que un día decidió dejar su país con apenas veinte años para seguir a sus primos Igor y Yuri, que habían fichado por el Pontevedra. Qué grandes tardes pasaron. Del trío familiar, Charles era menos deslumbrante pero más eficiente. En el histórico Pasarón dejó su sello en seis temporadas memorables, seguramente las más emocionantes desde los años 60 del siglo pasado, una edad dorada en la que los gallegos llegaron a ser por unas semanas líderes de Primera División. De esos recuerdos viven muchos seguidores. Y también de los goles de Charles, un punta batallador cuyo liderazgo llevó a los granates a ser grandes en el Grupo I de Segunda B y a disputar eliminatorias de ascenso: cuatro en cinco años. En una de ellas se cruzó con el Córdoba, que se lo cargó con un doblete salvador de Asen. Otro de sus verdugos fue el Alcorcón de Anquela.

Charles era alguien importante en el Pontevedra. Seguramente el que más. Cuando se marchó, el equipo gallego descendió a Tercera. Y él bajó al Sur. Al Córdoba. No hubo grandes recibimientos. Los aficionados apenas le conocían y los periodistas, habituados todavía a la llegada de fichajes de cierto renombre, se daban codazos preguntándose de dónde había salido aquel brasileño que no lo parecía. ¿Quién es este Charles? “No sabéis que pedazo de jugador os lleváis. Es un tío que se cuida, que no sale, le gusta jugar para el equipo y es muy sacrificado. Y aún encima de eso mete un montón de goles. ¡Suerte desde Pontevedra! ¡Pasarón siempre será tu casa!”. Lo decía un seguidor gallego en la web de este periódico, comentando la noticia en la que se anunciaba el acuerdo blanquiverde con el jugador. No se despide así a cualquiera.

Lleva ya casi siete años en España y ha podido ser protagonista del mayor traspaso en los casi sesenta de historia del Córdoba CF. Casi un millón de euros ponía sobre la mesa el Almería. Quizá no sea una cifra del otro mundo, sobre todo si se compara con las que se han venido manejando en los últimos tiempos en el fútbol profesional español o con las que ahora, en medio de la más dura crisis económica de las dos últimas décadas, se siguen barajando. Pero era un buen dinero. Para la entidad de El Arcángel, metida en un concurso de acreedores, puro maná. Pero la operación se paró y Charles se queda. Hubo lágrimas de alegría y de alivio.
Este capítulo de venta frustrada homologa la condición estelar de un futbolista que, evidentemente, ya no es considerado uno más. Es una referencia en el campo y en la grada, un jugador bandera que llegó a provocar que el técnico, Paco Jémez, se planteara la dimisión si le dejaban huérfano de su concurso sin margen para encontrar un sustituto. Charles, hoy por hoy, no tiene recambio. En el césped le buscan y en el estadio se cantan canciones con su nombre. Es un ídolo en el escaparate. Ha seguido con fidelidad todos los pasos que le han llevado a esa condición: su origen humilde, llegando desde un club de una división inferior; la conquista del puesto a fuerza de trabajo y goles; el aprecio bien ganado de los exigentes aficionados cordobesistas… Sólo le faltaba lo que sucedió esta semana. La propuesta para marcharse. No lo hizo y eso fue una gran noticia para el proyecto deportivo del Córdoba. Charles sigue. Disfrutémoslo. Porque ya ha comenzado la cuenta atrás para su adiós.

La rebelión de los Teletubbies

A quien piense que el baloncesto cordobés está muerto y enterrado le convendría pasarse un rato por el Parque Elena Moyano, la célebre Madre Coraje cuyo indomable espíritu parece haber impregnado las canchas callejeras en las que diariamente, a veces bajo un sol inmisericorde, se apiñan jugadores de toda edad y condición para coreografiar una ilusión. Cada cual tiene la suya y la suma de todas ellas representa la esperanza de futuro de un deporte que sigue vivo.
Por más que los clubes vayan desapareciendo a ritmo dramático, víctimas de una crisis que espantó a los patrocinadores, hay un grupo de rebeldes que se resignan a la derrota final. No hay ejército, pero sí soldados. Quieren unirse, por encima de sus diferencias, para celebrar que el básket no desaparece. Son los guardianes de su esencia. Y no conformes con eso, pretenden que la semilla de una nueva era florezca en un recinto que la ciudadanía conoce como el Parque de los Teletubbies. Como en el Rucker Park de Harlem, lo asombroso se convierte en rutina mientras la pelota está en el aire.

 

Será los días 4 y 5 de septiembre. Algunos de los nombres más célebres del baloncesto local estarán en la cancha batiéndose con aficionados. Es más que probable que dentro de las pistas o en sus alrededores se encuentren algunos de los llamados (aunque quizá ellos todavía no lo sepan) a la reconstrucción de este deporte en la ciudad. Atentos.