La foto de los que juegan

Miren la imagen de la formación del Córdoba ante el Huesca. Jugadores mezclados con aficionados. Muchos niños. Ni un atisbo de dramatismo en los gestos. Lo de los partidos a vida o muerte quedó atrás. Ahora todo es pura vida. Nadie puede sustraerse a la sensación de que algo realmente grande está sucediendo. Si la clasificación provoca una ola de esperanza, la visión del graderío hace recuperar la dignidad de tiempos pretéritos, aquellos días en los que el Córdoba estuvo entre los mejores. Hace mucho de aquello y seguramente la mayoría de los que ayer se entusiasmaron con su equipo no recuerdan nada o, directamente, ni habían nacido. Hace tanto… Los que cantan Volveremos lo hacen con la voz prestada de sus padres y sus abuelos. De las fotos en blanco y negro a los comentarios en el Twitter . Otros tiempos, la misma pasión.

Que el veterano ha de enseñar al novel es una ley de vida. Muchos tuvieron ayer la oportunidad de dar ejemplo. Algunos lo hicieron con gusto, otros con un toque cascarrabias ciertamente entrañable… y todos con orgullo. En la grada estaban los de siempre y algunos más. Bastantes más. Se batió un récord en Liga y resulta razonable pensar, tal y como van las cosas, que la marca de espectadores no se va a quedar ahí.
En el caso del fútbol se da una curiosa variante. Hay cierto sector de la afición que se atribuye una cualidad especial, casi siempre relacionada con la condición de socio del club y/o con una larga trayectoria de partidos vistos principalmente lejos de su hogar. Muchos de esos fieles ven con recelo la llegada de los advenedizos, de los que sólo acuden cuando rebajan el precio de las entradas, cuando las cosas van bien o cuando “se dan todos los condicionantes”, como de modo certero indicó Paco Jémez en las vísperas del encuentro de ayer. Sábado por la tarde, tiempo soleado, sin televisión de por medio –el Real Madrid empezaba a las diez de la noche–, un adversario accesible y cuya simple mención evoca recuerdos de gloria, una última victoria en Chapín ante el Xerez que devolvía un puesto entre los seis primeros… No había excusa para volver la espalda a un equipo cuya actuación merece un lleno permanente. Y ocurrió. El Arcángel superó un récord de asistencia en el campeonato de Liga y se vivió un ambiente extraordinario. El Córdoba ganó. Día perfecto.

“Esta es nuestra pretemporada para cuando lleguen las eliminatorias de ascenso a Primera”, comentaba alguno, dejándose llevar por la pasión del momento. Quien así se expresaba era uno de los que no tienen plaza fija en la grada del estadio, uno de los que se plantaron en El Arenal para comprobar si el Córdoba es tan bueno como dicen. Algunos de los seguidores más añejos, de esos cordobesistas de tono –justificado y respetable, faltaría más–, toleran con dificultad a las hordas de seguidores ocasionales que acuden con ganas de fiesta y un espíritu crítico voluble. Pero ayer el cordobesismo decretó unas jornada de puertas abiertas y entendió que uno de los grandes motores que puede lanzar definitivamente este proyecto es su dimensión social. Necesita de todos. Los viejos y los nuevos. Hasta de aquellos a los que no les gusta el fútbol.

Este Córdoba se ha está convirtiendo, ahora más y mejor, en un referente de la ciudad y en la encarnación de un mensaje de esperanza. Hasta de las peores se puede salir. No hay cataclismo que pueda con él. El Córdoba puede ser hoy en día, dentro del panorama del fútbol profesional español, el equipo que mejor representa la potencia de los sueños ante los golpes de la crisis. Todo el mundo está volviendo sus ojos hacia una formación que era célebre por sus desmanes económicos y sus piruetas deportivas para mantener la categoría. Cómo ha cambiado todo.

“Ojalá todos los sábados o los domingos podamos salir y podamos ver como mínimo el ambiente que había. En momentos puntuales, también les da alas a los jugadores y a nuestro equipo, y para nosotros es fundamental. Ellos se lo pasan bien, han vuelto a pasar una buena tarde de fútbol, su equipo ha jugado bien, han ganado, han visto de todo, han visto un partido competido… Sin duda, eso desemboca en que dentro de dos semanas tendrán ganas de volver”, dijo Paco Jémez al final. Todavía queda mucho que ver.

Artículo publicado en la sección “El otro partido”, de la edición de papel de El Día de Córdoba.

Y ahí unos vídeos. Cada vez que viene por Córdoba, el Huesca deja algún recuerdo imborrable.

El partido integral

Habrá quienes piensen que estos asuntos resultan irrelevantes, pura farfolla como se dice por estos pagos. Que son parafernalia hueca. Que el fútbol se ciñe a los noventa minutos cada fin de semana, con sus diagnósticos previos y su autopsia posterior por parte de los aficionados y la tropa mediática. Allá ellos. Es evidente que el epicentro de este negocio volcánico está en el verde y que lo que sean capaces de hacer los futbolistas, para bien o para mal, condiciona todo el escenario. Pero hoy los partidos se juegan más allá de los límites de la cal del estadio. No bastan las victorias en el campo.

Que se lo cuenten al Córdoba CF, que ha entrado en el último tercio de la Liga con la pretensión de echar el resto en todo. Los chicos de Paco Jémez aguantan la presión de los adversarios para seguir enganchados al carro del play off de ascenso a Primera. Les aguardan un buen puñado de experiencias al límite. Al mismo tiempo se detecta un aumento de revoluciones en la actividad de los dirigentes del club, que durante esta última semana han jugado en todo tipo de foros: institucionales, mediáticos, académicos, peñísticos…

Cualquier lugar es bueno para hacer proselitismo blanquiverde. Ahora todos los condicionantes están a favor, como se encargó de propagar en las vísperas del partido de ayer el técnico cordobesista. Tocó la fibra sensible de los aficionados y contribuyó a reclutar más adeptos a la causa. ¿Quieres ver lo nunca visto? Sobre esa idea, el Córdoba viene promocionando entre la ciudadanía su increíble aventura en la Liga 11-12, el curso en el que con mayor tesón se viene empeñando todo el mundo en remar hacia el mismo lado en lugar de atizarse unos a otros con las palas.

Carlos González y Paco Jémez, los dos arietes del Córdoba actual en esa cruzada por derribar los muros de la mediocridad imperante, han tenido una semana intensa. El presidente y el entrenador compartieron mesa en un acto público, en la Facultad de Ciencias de la Educación, dentro de los programas Escuela de Padres y Escuela de Dirigentes. Hablaron de cantera y futuro, de valores y de compromiso. El consejero delegado Javier Jiménez, el secretario general Carlos Hita y el secretario técnico Juan Luna Eslava también aportaron su visión sobre el estado del club más emblemático de la ciudad y la necesidad de sea visto, con esperanza y sin recelo, como un motor de progreso para la ciudad. No es, desde luego, labor de  un día. Sin embargo, resulta elogiable la persistencia con que el primer propietario y presidente no cordobés del club –ocho meses lleva– y sus hombres de confianza se están dedicando a promover puntos de encuentro para aunar intereses.

González, a diferencia de otros mandatarios en tiempos pasados, no ha caído en la sobreexposición mediática ni ha quemado su imagen. En el gremio periodístico local se solía bromear a propósito de la cantidad de veces que salía publicada la foto del presidente cada semana en los medios. Siempre más que cualquier otra personalidad de la vida pública o política local, nacional o mundial. Una foto top, como diría Mourinho. Ser presidente del Córdoba no es aquí cualquier cosa. González está demostrando su extraordinaria habilidad para estar sin aparecer, usando con pericia la llave para enviar sus mensajes a través de potentes altavoces. La táctica le va bien. Y, como se suele decir en el fútbol, lo que va bien no hay razón para cambiarlo. Su particular liga en los despachos guarda una curiosa similitud con la que se juega en el campo. Ha demostrado estilo propio, riesgo y originalidad. Y ahí está. El concurso de acreedores, la ciudad deportiva, los usos comerciales de El Arcángel, la captación de patrocinadores locales… Son partidos en juego y todos, o casi, con opciones de triunfo.

Lo de Paco Jémez tiene un punto emotivo imposible de obviar. El entrenador del Córdoba es cordobés y no lo oculta. Con su particular vehemencia, explicó a un auditorio juvenil de estudiantes que “a veces los pequeños superan a los grandes” y que el Córdoba, situado en puestos que pueden llevar a la élite, “a lo mejor no debería estar ahí”. Pero el caso es que está.

“Los valores personales que adquirimos a lo largo de toda nuestra trayectoria son los que, a la larga, nos van a hacer sacar los verdaderos problemas adelante”, añadió. Lo de la tenacidad para cumplir metas no se lo han contado a Paco. Lo vivió como jugador, desde que empezó a pulirse en el Unión de Levante y terminó siendo el jugador cordobés más veces internacional absoluto. Como entrenador ha vivido casi todas las situaciones que se pueden dar en el cargo. Le falta un ascenso a Primera División y en ello está. Con el Córdoba, el sitio donde empezó todo. Paco contó esa historia de superación en el instituto que lleva el nombre de Galileo Galilei, aquel genio innovador, padre de la ciencia moderna, cuyas teorías provocaron un conflicto con la Inquisición y que al final murió con sus ideas.

Artículo publicado en la sección “El descuento”, de la edición en papel de El Día de Córdoba.

 

Un vídeo, para terminar. ¿Notáis el cosquilleo?

Historias del patio verde

Andrés Valverde jugó durante muchos años en el Don Bosco, el equipo de fútbol del colegio en el que estudió. Se colocaba como lateral derecho. Pasó por todos los escalafones del club y recuerda como si lo hubiera jugado ayer un partido en el que logró el ascenso a la Liga Nacional Juvenil. Han pasado más de veinte años desde aquel episodio. Hoy su hijo Alvarito mejora día a día en el equipo benjamín de fútbol 7 mientras Nacho, su otro vástago, se comporta como un líder nato desde su posición de base del conjunto de baloncesto alevín. Juegan en Salesianos, como hizo su padre, que echa las horas que sea menester en el célebre patio verde de un colegio en el que el deporte es algo más que un pasatiempo.

Bien lo sabe Alfonso Espejo, otra de las presencias imprescindibles en las instalaciones salesianas. Con la camiseta blanquiazul del Don Bosco marcó una época en las ligas federadas allá por los años ochenta. Sólo hacía una cosa: goles. El caviar del fútbol. Y con eso se ganó la vida durante mucho tiempo, alcanzando un lugar en la historia del Córdoba CF como integrante de la formación que logró el ascenso en 1999 después de casi dos decenios penando por el lodazal de la Segunda B. Espejo, el nueve inolvidable, enseña ahora a los niños del Club Deportivo. Entre ellos está su hijo Sergio, que también va para coleccionista de goles.

Como Julián Lázaro, que intenta adiestrar a los más jóvenes en las pistas de básket desde el banquillo. Entre sus pupilos está su hijo, como no podía ser menos. Y la pasión por la pelota naranja les viene de familia. Los más veteranos aún recuerdan a un chico que llegaba a la escuela mucho antes de que comenzaran las clases. Dejaba la mochila detrás de la canasta y se dedicaba a lanzar la pelota una y otra vez. Era su hermano Jesús. Aquel niño llegó a jugar más de una década como profesional al máximo nivel, ganando la Liga con el Manresa y la Copa del Rey con el Unicaja de Málaga. Ha sido el jugador formado en Córdoba que más partidos ha disputado en la élite.

De Salesianos salió igualmente Rafa Sanz, que con 14 años dirigía equipos y que hoy es el entrenador español que más veces ha estado en un banquillo de la LEB, la segunda división del país. Ahora está en el Orense, peleando por subir a la ACB.
En fútbol sala, la simple mención de Salesianos llegó en tiempos a provocar el pavor en todo el territorio nacional. Nombres como los de Julito, Obregón, Pineda… dejaron huella y un buen puñado de trofeos en las vitrinas del colegio.
Son las historias del patio verde, episodios que pueden parecer fogonazos intrascendentes pero que quedan grabados en la memoria y en el corazón con una fuerza indestructible. Cada fin de semana, cientos de camisetas con el rostro de Don Bosco en el pecho se reparten por los escenarios de toda la provincia –y más allá– en una experiencia de aspecto rutinario pero fondo trascendental.

Con el ideario del colegio siempre presente, la pasada semana tuvo lugar en el patio la habitual reunión de los componentes del Club Deportivo Salesianos. El momento de la foto oficial es siempre un momento importante para congregar a toda la armada deportiva salesiana. David Margarito Alcalá, el coordinador, recordó a los chavales la importancia de la práctica del deporte de forma limpia y solidaria, con dedicación y compromiso, pensando que la mayor victoria no es la que se refleja en la clasificación sino la que se consigue siendo cada vez mejor en lo que uno hace. Margarito estuvo acompañado por la mayor parte de los veinticinco monitores que durante toda la semana trabajan con los chicos para chequear cada día de partido el nivel alcanzado, ya sea en las competiciones organizadas por las federaciones deportivas o en los Juegos Deportivos Municipales. Al igual que estudian y se examinan en las clases, entrenan y juegan en el patio. Siempre bajo los mismos lemas y consignas: esfuerzo, paciencia y perseverancia para perfeccionarse.

En las escaleras del patio formaron todas las secciones que conforman el Club Deportivo Salesianos (ajedrez, fútbol sala, baloncesto, voleibol y escuelas de predeporte) en la actual temporada 2011-12. Seguramente en esa foto de familia, en la que los chicos se apiñan luciendo la mejor de sus sonrisas, se esconda algún deportista que en el futuro llegue a ser profesional. Quién sabe. Que todos ellos sueñen con serlo algún día, en estos años de infancia, es ya todo un triunfo.

Recuperar para Salesianos el rango de potencia deportiva de primera magnitud es el desafío con el que fabulan –a la vez que preparan planes– los encargados de dirigir el deporte en el colegio. La perspectiva de las nuevas instalaciones puede dar un enorme salto de calidad a los equipos, que en este curso han tenido que adaptar su actividad a unas obras que ya están en su tramo definitivo. Y ese final será el principio de una nueva etapa.

Artículo publicado en el suplemento “Campeones” del periódico El Día de Córdoba.

Borja, el ídolo imprevisto

Viene siendo habitual que el Córdoba tenga cada verano en su lista de futuras incorporaciones, con letras mayúsculas y subrayado doble, el nombre de algún futbolista que se luciera de modo especial contra los blanquiverdes en el curso anterior. Y también viene siendo habitual que alguno de esos futbolistas que en su día fueron un incordio para el equipo lleguen, meses después, con el cartel de refuerzos. Recuerden a Asen y Arteaga, que torturaron al Córdoba en Segunda B en las filas del Extremadura y el Écija, respectivamente, para después ser reclutados y convertidos en referentes de una época y puntales de un ascenso. Ahí salió bien la apuesta. Otras veces no resultó tan productiva. Acuérdense de Mikel Dañobeitia, que protagonizó una actuación memorable en El Arcángel en las filas del Salamanca. Los más avispados apuntaban entonces que aquella tarde se encontró en su banda con un lateral circunstancial, el argentino Cristian Álvarez, poco dotado -mentalmente también- para desempeñar esa demarcación. El caso es que el extremo de la melena rubia llamó la atención de El Arcángel y ése fue su gran aval para ser presentado como un fichaje estelar por el director técnico Javier Zubillaga. Después de un puñado de mediocres apariciones, el club se dedicó a tratar de sacárselo de encima antes de que cumpliera sus dos años de contrato sin conseguirlo. Hoy juega en el Logroñés, de Segunda B. Jugar de cine en Córdoba ha sido frecuentemente una garantía para recibir una propuesta. Es una de las tradiciones que este bendito club mantiene sean cuales sean sus circunstancias. Las de este verano resultaban inéditas, con un cambio en la propiedad y la entrada en un proceso concursal, pero no ha faltado ese capítulo clásico. Y está resultando, como todo en esta temporada de esperanzas, ilusiones y reivindicaciones, muy impactante.

La pregunta se la hacen en todos los foros. Aficionados con solera y espectadores ocasionales, periodistas de aquí y de allí… Hasta muchos de sus propios compañeros buscan una respuesta al dilema. ¿Qué hace Borja García en el Córdoba? “No hay más que verle moverse por el campo, parece que va flotando. Lo hace sencillo. Controla y toca el balón con facilidad y buena visión, tiene gol, es joven… Lo tiene todo. Es un futbolista de Primera”, contaba hace unos días uno de los que comparten vestuario con el ex jugador del Rayo Vallecano, que despachó una de sus mejores actuaciones de la pasada Liga en El Arcángel. En la segunda jornada, el punta revolucionó a su equipo y fue el artífice de la remontada ante un Córdoba que a la media hora iba ganando por 2-0 (Charles y Arteaga) y terminó perdiendo por 2-3 gracias a un doblete de Borja y una sentencia final, en el último suspiro, del argentino Armenteros. Borja tenía todavía 19 años. Terminó actuando un total de 25 partidos a las órdenes de Sandoval y contribuyó al retorno del club madrileño a la Primera División. Era el benjamín de la plantilla, un chico con algo especial desde que fue captado en el modesto Villaverde para integrarse a la cantera rayista. Destacó en el juvenil, guió al Rayo B al ascenso con un gol suyo, acudió a convocatorias de la selección española sub 19… Con 18 años ya debutó en Segunda a las órdenes de Pepe Mel, que le dio 11 minutos en el último partido de la Liga 2008-09, un Rayo-Zaragoza (2-2) que significó el ascenso de los aragoneses. Borja, el chaval de Torremocha del Jarama, era una perla con gran proyección de futuro. Sin embargo, el guión de la película dio un giro brusco. Este último verano, en medio de un ambiente extraño por las expectativas del ascenso y los estragos de la crisis en la entidad de Vallecas, sucedió. Borja salió del Rayo.

A mediados de julio, el Córdoba anunció el fichaje del centrocampista madrileño. No hubo demasiado revuelo mediático. El foco estaba en aquellos días en las agrias despedidas por el ERE y las reticencias que despertaban los planes del nuevo dueño. El CCF era cualquier cosa menos un destino cómodo. Pero aquí llegó Borja. “Es un equipo de jugadores jóvenes y de gente que lleva aquí muchos años y sabe cuáles son los valores del club. Además, están llegando fichajes que se están involucrando pero, sobre todo, en mi decisión de venir ayudó mucho una charla con el presidente”, destacó el día de su presentación ante los medios. “Algo debe tener cuando viene aquí”, se oía maliciosamente en los mentideros. Pues sí, algo tenía. Hoy es el máximo goleador cordobesista, con 8 dianas, y su talento deslumbra en una categoría en la que va sobrado. Su nombre está apuntado en algunas de las agendas más ilustres. Ya son muchos los que le pretenden. Su valor en el mercado se ha disparado y tiene firmados cuatro años en el Córdoba. Carlos González tuvo buen ojo. Y el cordobesismo un ídolo más.

 

Borja, a fondo. Una excelente entrevista de la compañera Amparo Muñoz con el futbolista madrileño.

La victoria final del Tano

Siete derrotas… y una victoria final. Alessandro Pierini dejó de ser entrenador del filial del Córdoba porque el equipo estaba encallado, incapaz de hacer daño a nadie más que a sí mismo, vulnerable y desquiciado. Los mecanismos inalterables del fútbol ejercieron entonces su cruel función: el técnico, a la calle. Se sigue creyendo que un barco a la deriva, con las velas rotas, la quilla torcida y unos cuantos boquetes por los que entra el agua puede enderezar su rumbo sólo con cambiar al señor que lleva el timón. A veces sale, a veces no. Pero se tiende a creer que el relevo en el banquillo es una fórmula universal o un acto inevitable. De esas mentiras vive este bendito deporte.

La cuestión es que Pierini dejó esta semana de pertenecer a la casa blanquiverde, a la que llegó en uno de esos frecuentes momentos dramáticos del primer decenio del siglo XXI. Fue defensa central de un equipo que bajó y siguió en el mismo sitio en otro que subió. Desde los tiempos del argentino Daniel Onega, allá por los 70 de la pasada centuria, no hubo en el Córdoba un jugador extranjero con su relevancia: llegó a ser capitán y un símbolo para los aficionados. Luego ejerció como segundo de Lucas Alcaraz dos campañas completas y los nuevos rectores le encomendaron la tarea del filial en una decisión controvertida. Las cosas no han ido como esperaban, ya se ha visto.

El Tano no merecía irse de un modo tan feo. Siete derrotas seguidas han servido para que el fútbol muestre en el Córdoba sus dos caras: la más dura, con la destitución de un profesional, y la más humana, representada por la actitud de los jugadores a los que Pierini deja atrás. Los chicos enviaron una carta al hombre que les guió en la que le expresan sus sentimientos. Le agradecen su trabajo y admiten que todos, ellos también, cometieron errores. Que echen a un entrenador por malos resultados –aunque sea en un filial– es algo frecuente; que los jugadores manifiesten su gratitud hacia él, de la forma en que lo han hecho los cachorros blanquiverdes, no. Por eso resulta conmovedor el gesto. Pierini terminó ganando. Si un filial está para aprender, está claro que el italiano ha enseñado mucho a estos chicos. Por cierto, que los chavales volvieron a ganar. Fue por 2-1 al Conil. Desde el banquillo daba las órdenes Rafa Berges. Y sentado en la grada del campo de Miralbaida, sin perderse ni un detalle, estaba Alessandro Pierini.

Carta de la plantilla del Córdoba B a Pierini

Querido Alessandro, desde toda la plantilla del Córdoba C.F. “B” queremos expresar nuestras impresiones hacia ti después de finalizar de forma tan inesperada nuestra etapa juntos, ya que queremos manifestar de forma pública la clase de persona y la clase de profesional que eres.

Todos los que estamos inmersos en este complejo mundo sabemos que estas situaciones son habituales y debemos asumirlas, pero no podemos permitir que sólo tú, como cabeza visible que has sido de este equipo, cargues con toda la responsabilidad de la situación actual, y todos estamos de acuerdo en que los responsables de los resultados cosechados somos todos, porque los que jugamos somos nosotros, pero así funcionan las cosas.Por eso es de justicia dar a conocer las múltiples virtudes y logros que tienes y que has logrado con este grupo.

Cogiste un grupo de jugadores muy diferentes, y hoy día es un grandísimo grupo, donde la relación en el vestuario es inmejorable, es un equipo, capacitado de sobra para sacar esto adelante.Uno a uno hemos crecido en el aspecto deportivo muchísimo de manera individual, como grupo, y además como personas. Nos has motivado, nos has hecho creer en nosotros, creer en este proyecto en común.Tu implicación con este equipo ha sido impresionante, has puesto todos los medios que estaban a tu alcance a nuestra disposición, has proporcionado el material que no teníamos pagándolo de tu bolsillo, siempre has defendido a tus futbolistas, has sacado la cara por nosotros cuando se nos ha criticado… en definitiva, has dado todo lo que estaba en tu mano para sacar a este equipo adelante.

A pesar de todo esto y de todo tu trabajo, ya no sigues al frente del equipo, pero tu gran labor no quedará en vano porque has dejado un gran grupo. Con el trabajo de nuestro nuevo entrenador, Rafa Berges, que estamos convencidos de que es un excelente entrenador, que está implicándose muchísimo con nosotros y al que le brindamos toda nuestra disposición, sacaremos esta situación adelante.

Por todo lo que estamos expresando, puedes estar con la cabeza bien alta porque tu trabajo ha sido excelente, has hecho todo lo que has podido hacer, o lo que se te ha dejado, y has demostrado tu cordobesismo por todo lo alto, como lo has hecho durante 7 campañas en la que has dado alegrías luciendo el brazalete en nuestro Nuevo Arcángel, y es evidente que el que te critica o todo aquel que te haya criticado, es porque no ha tenido el privilegio de trabajar contigo, porque los que hemos estado a tu lado, como puedes observar, nos quedamos cortos a la hora de calificarte como un grandísimo profesional, y si cabe aún mejor persona. Por todo esto desde el vestuario queremos desearte lo mejor tanto deportivamente como personalmente, porque no dudes que te lo mereces.

Por todo esto:

Muchísimas gracias Tano Pierini.

Su jugada inolvidable. El gol que abrió la última puerta para salir del infierno.

 

Y ahí va otra carta, de hace algo más de un par de años, que una aficionada envió a través de varios foros a Pierini tras su retirada como jugador.

Realmente lo que queremos manifestarte en esta carta lo hacemos toda la hinchada semana tras semana en las gradas mediante nuestros cánticos y nuestro apoyo. En nombre de toda la afición cordobesista quiero mostrarte nuestro infinito agradecimiento por tu labor realizada en el Córdoba CF como jugador y capitán. A muchos de los seguidores de este gran club nos enorgullece y sorprende saber que siendo de fuera sientas tanto los colores blanquiverdes en la sangre y este escudo de gran historia en el corazón. Te hemos visto alentar a tus jugadores, dar todo de ti para conseguir victorias y dar las gracias a la afición por nuestro apoyo. Es una gran responsabilidad tener a tu cargo a un equipo y creemos sinceramente que en esta lucha tú has blandido todas tus armas y has dado la cara por tu ejército.

Quizás si algo tenemos que destacar durante tu paso por el Córdoba CF es tu compromiso. Ya no se trata sólo de exigir ver un juego bonito y fructífero cada domingo sino el darnos cuenta de que los jugadores realmente viven por ese equipo y son responsables con su compromiso hacia el Córdoba CF. Y esta cualidad la has forjado tu en tus años como futbolista. Esa madurez y sencillez en el juego te hacen grande “Capo” y te honran. Hoy en día el fútbol se ha mitificado y resulta difícil que los jugadores y técnicos transmitan sus verdaderos valores.

Simplemente animarte a seguir en este Club porque nos has hecho soñar y ver también un lado más humano y humilde del fútbol. Tú has ayudado a hacernos grandes y la afición cordobesista te recordará siempre por ello. Que el eco del cántico “Capitano, capitano” vibre siempre en ti y te haga recordar a nuestro equipo y a toda la hinchada. Gracias Tano.

 

Por eso y muchas cosas más

¿Lo viste? Fue increíble, no me imaginaba que fuera así. Qué bien se ve todo, qué luces más potentes, qué ambiente, qué manera de jugar… Cuando terminó el partido la gente no se iba, se pusieron con las bufandas levantadas a cantar el himno… ¡Qué fuerte! Es como en la tele, un partido de Primera. Se me saltaban las lágrimas. Mira, mira cómo se me sube el vello. ¡Madre mía! Allí estábamos todos como locos. Cuando nos marcaron el gol fue un palo, pero después todo el mundo empezó a animar y el equipo jugó de escándalo. Cómo subían los laterales… Al Espanyol lo teníamos agobiado. ¿Y cómo se llama ése que la cogía en la banda y se metía para adentro, escapándose de todos? ¿Borja? Qué bueno, ¿eh? ¿Y de dónde viene? ¿Del Rayo? Pues menudo futbolista. Ahí tenemos gente buena. ¿Y estos eran los suplentes? El chaval que salió al final, ése que la tocaba tan bien y que estaba en todos sitios… ¿17 años? Pues ése va a llegar lejos. Y el calvo que salió después, Hervás, es el que todo el mundo quiere fichar, ¿no? Yo es que no conocía a ninguno. Ha sido la primera vez que los veo en vivo. Nunca había ido a un partido a El Arcángel”.

Apenas habían transcurrido un puñado de semanas desde el arranque de la competición y el Córdoba ideó una campaña para incentivar el número de público en las gradas. Una vez constatado el previsible descenso en el número de abonados, asumido por la entidad como un golpe sobre zona protegida –así se hizo en los austeros presupuestos, aprobados el mes pasado en la junta de accionistas–, se aguardaba con un nudo en la garganta la respuesta de los seguidores en las taquillas. Para el debut en casa tocó el Almería, un recién descendido de Primera División que acudía con el morbo de Lucas Alcaraz en el banquillo y el picante añadido del intento de los rojiblancos de fichar al brasileño Charles, la estrella blanquiverde, hasta apenas unos horas antes del inicio liguero. Un buen partido para abrir boca. El Córdoba, además, había dejado interesantes sensaciones durante la pretemporada. ¿Un taquillazo? Ni mucho menos. Apenas se llegó a las seis mil almas. Ni siquiera los socios acudieron a la cita. Los de Paco Jémez protagonizaron un extraordinario encuentro: merecieron ganar –aunque la cosa terminó en tablas, 1-1– y consiguieron emocionar a los que ocuparon un asiento en el graderío. Esos ya eran fijos. Pero eran pocos.

Aquel episodio sirvió para ratificar la dolorosa realidad: la ciudad, en su mayoría, daba la espalda a su club deportivo más emblemático. Había mucho dolor enquistado, muchas decepciones acumuladas, muchas promesas rotas, mucho hastío. Ninguna ilusión. ¿Ilusión? Ésa fue la palabra que empleó el club para vender su producto en este nuevo curso, en el que precisamente se cumplen cuarenta años desde que el Córdoba pisó por última vez un campo de Primera. Ilusión. Poco original, pero realista. Hay qué ver cómo sonaba el término en agosto y a qué suena hoy, primeros días enero de 2012, en la boca de los cordobesistas.
Se etiquetó como Objetivo 10.000 una estrategia de mensajes a través de los medios oficiales, en connivencia con los sectores más activos del mundo peñístico, que apelaban al punto más sensible del cordobesista: el corazón. Se chequeó la iniciativa en la visita del Xerez, otro rival con tirón, pero no se llegó a esa cifra redonda. La barrera permanecía maldita para un equipo que ofrecía un espectáculo futbolístico –con resultados, ojo– poco frecuente en la ciudad. De hecho, se llevaban varios años sin contemplar nada igual. ¿Por qué continuaba esa desafección? ¿Qué necesitan los cordobeses para respaldar al equipo más emocionante de los últimos tiempos?

Los rectores del club han encontrado poderosos aliados en las peñas y los socios, que han publicitado como nadie el producto. Las ventajas en la adquisición de localidades, las promociones de 2×1, la cada vez más amplia repercusión en los medios nacionales… Y el equipo, mientras, sin caerse. Volando cada vez más alto. Ante el Huesca, en Copa, se llegó a los 11.500 con precios populares. El otro día, frente al Espanyol, se rozaron los 20.000 con una política de entradas asequibles. Fueron los de siempre, los que empezaron contra el Almería, y muchos más. Los que se han ido sumando al calor del éxito y los que nunca habían pisado el estadio de su ciudad.

Parece que, al fin, se ha dado con una receta que, en las circunstancias actuales, funciona: un equipo al que gusta ver y unas entradas que se puedan pagar. Córdoba se ha visto en el espejo y se ha gustado. El Arcángel se puede quedar pequeño. Al tiempo.

Artículo publicado en El Día de Córdoba.

La fábrica

El Córdoba Club de Fútbol disfruta actualmente de las instalaciones de la Ciudad Deportiva “Rafael Gómez”, propiedad del empresario cordobés Rafael Gómez Sánchez, que en 2006 cedió la utilización de estos terrenos en exclusiva al Córdoba CF hasta 2014. Dicha Ciudad Deportiva es una de las de mayor dimensión en Andalucía. Posee 3 campos de fútbol-11 de albero, un campo de albero de fútbol-7, y dos campos de césped natural. Uno de ellos con un graderío para unos 3.000 espectadores en el que habitualmente juega sus partidos el Córdoba “B”.

Eso dice la web oficial del Córdoba CF sobre el espacio en el que se modelan sus jóvenes talentos y ensayan sus profesionales desde hace años. Lo que quienes los disfrutan aseguran sobre estos terrenos no resulta tan atractivo. A menudo, los términos resultan irreproducibles. “Cuando llegué a Córdoba, me impresionaron las malas condiciones materiales para el trabajo diario. Era algo que no me podía explicar, porque la idea que tenía desde fuera es que el Córdoba era un club potente, con unas buenas estructuras”. Lo confesaba hace poco, ante un grupo de periodistas, uno de los jugadores que recalaron el pasado verano en el club, uno de los pocos que tiene en su expediente el sello de clubes de renombre en la división. Parece que este 2012 será el año del traslado a las instalaciones del campus universitario de Rabanales, donde encontrarán un hogar prestado algunos de los conjuntos formativos y un equipo de Segunda que, si mantiene su heroico pulso con los obstáculos, será candidato a dar el salto a Primera. Es un buen parche, pero no la solución con mayúsculas.

Las explosiones de rabia y frustración han sido desde hace ya tiempo nota común en los técnicos de la entidad blanquiverde, desde aquellos que están encargados de enseñar a los niños cómo se controla el balón hasta los que, inmersos en el fútbol profesional, se juegan su porvenir y su pescuezo semana a semana si los resultados no van de cara. La importancia de lo que se cuece en la Ciudad Deportiva está en proporción inversa a la atención que ha recibido por parte de los dirigentes de la entidad, algunos de los cuales ni siquiera la pisaron durante años. Vamos a decirlo claro: los terrenos en los que el Córdoba está construyendo su futuro son una mierda. Es verdad que estamos en crisis. Es verdad que no hay dinero. Es verdad que los responsables de mantener unos mínimos de decencia en la instalación hacen todo lo que buenamente pueden. Es verdad que los niveles de tolerancia y comprensión de los profesionales están siendo altos. Es verdad todo eso, como lo es que el asunto necesita una reparación ya. Y ahora mucho más que nunca. El Córdoba -como casi todos ya- tiene que fabricar lo que no puede comprar. Y tiene que vender para reinvertir. ¿Dónde? Pregúntenles a quienes se dedican a fondo a esto del fútbol. A los que se ganan el jornal como profesionales y a quienes pretenden hacerlo dentro de unos años. Parece evidente que hay un lugar en el que habría que echar unos numeritos.

Esta situación tenía que haber estado arreglada desde hace diez años. Lo que nos encontramos ahora es el resultado de un problema que, por lo que sea, no se ha querido abordar durante mucho tiempo. En su momento se hubiera podido hacer algo, pero ahora por desgracia es mucho más difícil. Las condiciones en los campos son horrorosas”. En la tertulia deportiva de Onda Cero, en una de sus primeras entrevistas a fondo tras el regreso a Córdoba, Paco Jémez expuso con crudeza su visión sobre el lugar de trabajo diario del equipo. El técnico cordobés no ha variado su postura. Al contrario, sus demandas se han recrudecido y ha habido episodios de cierta tensión con los dirigentes por este motivo. El Córdoba tuvo en su tiempo un consejo de administración con los principales empresarios de la construcción y prefirió gastarse el dinero en fichar figuras en lugar de mirar a su casa. Ésa fue la decisión y éstas son las consecuencias.

Por cierto, por si hay alguno que ponga en duda el beneficio de la inversión, que dé un repaso a los medios en las últimas semanas y se fije en las cantidades que se barajan por los interesados en adquirir los servicios de Javi Hervás, un chico forjado desde su infancia en estos escenarios de medio pelo: ¿Un millón y medio o dos? ¿Quizá más? Sea lo que sea, parece que el estiloso mediocentro será pronto el protagonista del mayor traspaso en los casi sesenta años de historia del club. ¿Invertirá el Córdoba -y Córdoba, ojo- en su fábrica?

Imágenes del Córdoba-Espanyol de los cuartos de final de la Copa del Rey Juvenil 2011, quizá el partido más importante de un equipo de cantera en la historia del club. Y, efectivamente, se juega en la Ciudad Deportiva Rafael Gómez.

 

Familia

“Cuando entramos en el pabellón, los problemas se quedan fuera. Todos tenemos alguno, pero los problemas se quedan fuera. Aquí sólo tenemos el equipo. Sois vosotros los que os tiráis al suelo a por el balón. Sois vosotros los que os quedáis en el banquillo mientras otros juegan. El equipo es la familia. ¿Lo tenemos claro?”.



Observo con alegría y con una pizca de orgullo -no en vano el argumento está basado en un artículo que escribí, precisamente, en un suplemento llamado “Deporte Joven” en el Diario Córdoba- que el cortometraje “Seis contra seis”, dirigido por Marco Fettolini y Miguel Aguirre, circula con velocidad por todos los lugares en los que se fomenta el deporte de base, donde los chicos forjan su carácter con las reglas, códigos y valores de su disciplina favorita. El artículo en cuestión, titulado “Papá, ¿qué estás haciendo?”, sigue su viaje, más rápido ahora por las redes sociales, y sigue ayudando -eso creo y espero- a quienes formamos parte de un entramado cuyas raíces educativas se han pervertido de un modo lamentable. Esa carta de un niño a su padre sigue dando mucho juego.

Papá, ¿qué estás haciendo?

No sé cómo decirtelo. Seguramente crees que lo haces por mi bien, pero no puedo evitar sentirme raro, molesto, mal. Me regalaste la pelota cuando apenas empezaba a andar. Aún no iba a la escuela cuando me apuntaste en el equipo. Me gusta entrenar durante la semana, bromear con los compañeros y jugar el domingo, como lo hacen los mayores. Pero cuando vas a los partidos… no sé. Ya no es como antes. Ahora ya no me das una palmada cuando termino, ni me invitas a tomar algo. No te veo sonreír. Vas a la grada pensando que todos son enemigos. Insultas a los árbitros, a los entrenadores, a los jugadores, a otros padres… ¿Por qué cambiaste?
Creo que sufres y no lo entiendo. Me repites que soy el mejor, que los demas no valen nada a mi lado, que quien diga lo contrario se equivoca, que solo vale ganar. Ese entrenador del que dices es un inepto es mi amigo, el que me enseño a divertirme jugando. El chico que el otro dia salió en mi puesto….¿Te acuerdas? Si, papá, aquel que estuviste criticando toda la tarde diciendo que “no sirve ni para llevar la bolsa”. Ese chico va a mi clase. Cuando lo vi el lunes me dio vergüenza.
No quiero decepcionarte. A veces pienso que no tengo suficiente calidad, que no llegaré a ser profesional y a ganar millones como tú quieres. Me agobias. Hasta he llegado a pensar en dejar de jugar, pero es que me gusta tanto… Papá, por favor, no me obligues a decirte que no quiero que vengas más a verme jugar.

El cordobesismo y sus debates

Uno de los encantos del Córdoba es su capacidad para generar debates. Algunos, todo hay que decirlo, resultan francamente absurdos. Sobre todo esos que se centran en su estilo de juego, su ideario y su filosofía, que al fin y al cabo quedan reducidos a lo esencial: si se gana, todo está bien; si se empata, regular y si se pierde, fatal. Cuando el personal habla sobre la manera en que se comportan los jugadores sobre el campo es señal de que la clasificación lanza buenas vibraciones. Que no hay peligro de descenso, fundamentalmente. O no parece que lo vaya a haber si se sigue por este camino, si nos ponemos quisquillosos. Porque en el fútbol se ha visto de todo, incluyendo desplomes inesperados, como se encargan de recordar de cuando en cuando los más agoreros. De momento, el sector de los profetas del apocalipsis permanece agapazado a la espera de una ocasión que, de momento, no llega.

En El Alcoraz, el Córdoba se entretuvo en acumular un puñado de récords: ganó por primera vez en ese recinto, engarzó su quinta victoria consecutiva –cuatro en Liga, una en Copa– y logró su mejor puesto desde hace una década. Le bastó un 0-1. Lo marcó Patiño, un chaval que ha saltado directamente desde el modesto San Sebastián de los Reyes, de Tercera División, hasta el escaparate de la Segunda. Hizo su trabajo tan bien como el resto. Marcó un golazo de cabeza, a centro de López Silva, en una fase crucial de un encuentro más bien farragoso. Triunfo al saco y un chute de ilusión para todos.

Lo único cierto es que los puntos sacian el hambre. El modo en que se consiguen endulza o amarga. Con el sustento garantizado, hablemos sobre el sabor del menú. ¿Os gusta así o más tostado? Es lo que viene sucediendo últimamente en el Córdoba. Metido en la zona alta después de mucho tiempo, incluso con posibilidades matemáticas de tocar algún día de estos el liderato, el equipo recibe toneladas de alabanzas por su propuesta futbolística. La comparación con el curso pasado, con la pizarra de Lucas Alcaraz, multiplica su efecto encantador para el cordobesismo. Por cierto, que el técnico granadino que guió a los blanquiverdes durante las últimas dos campañas completas –un récord de permanencia, ya que estamos en época de plusmarcas– tiene al Almería en los mejores sitios de Segunda y mirando a Primera División. Él no lo va a decir, porque no es de esa condición. El granadino asegurará que no hay enemigo pequeño, que esto es muy largo, que hay que ir partido a partido, que no hay que despistarse y que un gol es un tesoro. Una respetable forma de verlo. El que sí mira para arriba, y lo dice cada vez que tiene ocasión, es Paco Jémez, porque así lo siente.

Hay entrenadores que en los tiempos de éxito recuerdan a sus jugadores que no son perfectos y que cualquier despiste puede llevarles al desastre. Así les mantienen en tensión y evitan el efecto adormecedor del halago. Hay otros que en los periodos de bonanza les dicen a sus futbolistas que no sólo son tan buenos como parecen, sino que son aún mejores, y que si tienen el valor de demostrarlo pueden llegar a la gloria. Y si no, al menos lo habrán intentado. El fútbol es así, como la misma vida.
Si miran hoy la clasificación verán arriba, dándose codazos, al Almería de Lucas Alcaraz y al Córdoba de Paco Jémez. Los dos ganaron fuera. Los dos por 0-1. Los rojiblancos, en el Colombino de un deprimente Recre; los blanquiverdes, en el eternamente recordado Alcoraz. Cada cual con sus presiones, sus ambiciones y sus servidumbres. Y con su estilo propio, el sello de sus entrenadores. Hay muchos modos de llegar al mismo sitio. Mientras sigamos debatiendo sobre los asuntos estéticos todo irá bien. Lo de los partidos a vida o muerte, los entrenadores en la cuerda floja y la agenda caliente para el mercado de invierno se queda para otros.

CCF: 100 días, un mundo

Hablar de estabilidad en el Córdoba CF es como hacerlo de libertad de expresión en Corea del Norte. No la hay y se supone que pasará todavía un largo tiempo hasta que se pueda detectar algo parecido. Se entiende –aunque a menudo se nota poco– que sus actuales rectores tienen interés en conseguirla, pero el asunto no es nada sencillo. Las duras circunstancias por las que atraviesa la entidad, inmersa en un proceso concursal, son una coartada perfecta para mantener colgado el cartel de “en construcción” y perpetuar en el cordobesismo una situación anímica muy particular: todo lo que va mal puede ir a peor. Hay congoja generalizada y una pavorosa sensación de irrealidad, de que toda esta aventura no es más que un castillo de naipes que se puede derrumbar en cualquier instante.

Quizá no sea así finalmente, no es una regla matemática. Clubes con un aspecto horroroso de puertas para adentro, arruinados y desquiciados, han podido alcanzar lo que a la postre marca el destino: ganar partidos, alcanzar notoriedad en la Liga e incluso ascender. Ésa es la esperanza, la ilusión que no hay que tocar porque si no es por ella se hunde todo el tinglado. En lo que ocurra en el césped reside la base de la fórmula para que el porvenir dé un giro y, milagrosamente, el CCF llegue a parecerse a un club estructurado, con una identidad propia y unos objetivos coherentes. El Córdoba ahora es un club en crisis de una ciudad en crisis que atraviesa por una fase crítica.

A Paco Jémez y a Luna Eslava les han endosado un papelón importante, un reto brutal como nunca se vio –y mira que se han visto cosas– en este bendito Córdoba. Si hay alguien que sea capaz de no salir corriendo cuando le dan un tirachinas para combatir a aviones son ellos. Ambos son lo suficientemente tenaces como para insistir y resistir. Son tipos criados en la casa, que conocen a fondo el paño, y eso se nota. Luna y Paco dan todo lo que tienen y algo más. Pueden equivocarse, pero no engañan a nadie. Los nuevos son los demás. Los que sabían lo que había o debían saberlo. A saber lo que les habrán contado y lo que se habrán creído.

De momento, parece que se avecinan unas navidades intensas. Así se pinta el panorama: la cosa está muy mal, nadie quiere ayudar y, sin más remedio, alguien tendrá que echarse la mano al bolsillo para equilibrar cuentas antes de que todo arda. Y la gente, como ha venido siendo tradicional, mirará al dueño. A ver qué sucede. Mientras tanto, prepárense en las próximas fechas para asistir a la exposición pública de unas cuentas del club que servirán, convenientemente cocinadas,  para intentar convencer al cordobesismo de los malos que son algunos y lo buenos que son otros.

El pasado 3 de junio, hace exactamente cien días, salió de la sede de Prasa con las acciones en el bolsillo  Carlos González, un empresario tinerfeño que aún hoy sigue siendo un gran desconocido para el cordobesismo. Más allá de las primeras entrevistas que concedió a su llegada, el nuevo dueño no se ha prodigado en la escena pública exceptuando apariciones en los medios oficiales en momentos muy puntuales –la retirada de patrocinio de Cajasur, una frustrada venta al Almería de Charles en la que intervino de modo directo…– o cuando no ha tenido la posibilidad de escabullirse, como el día de la ofrenda floral a San Rafael. “No estoy dispuesto a crear falsas expectativas”, dijo nada más pisar tierra cordobesa el tercer presidente desde 2009. Antes que él, el clásico Rafael Campanero –toda la vida ahí– y el sagaz José Miguel Salinas –un bienio bailando en el alambre– también hablaron de lo mismo. Austeridad y cantera. La vieja consigna resuena ahora como un eco sobre un paisaje completamente distinto: cambiaron el dueño, el presidente, el consejo, el entrenador, el secretario técnico, el 80 por ciento de la plantilla y casi todo el personal. Hay casi dos mil socios menos, se marchó el patrocinador y, con unas elecciones a la vista, en las instituciones hay más gestos que hechos. El Córdoba lo está pasando mal. En El Arcángel se viven a diario situaciones estrambóticas. Muchos se preguntan si ésta es la fase más traumática del gran cambio o si sólo es un aperitivo de lo que está por llegar. Han transcurrido cien días, un mundo.

 Artículo publicado en la sección El descuento, de El Día de Córdoba.